Ahora han
perdido ese valor y muchas mujeres que no se
afeitan, depilan, maquillan o arreglan con
coquetería lo hacen más por comodidad o
vaguería que por testimonio.
Hacer el amor
es una fiesta de los sentidos y es
necesario, rendirle el respeto que se le
debe.
Se trata de atraer,
de encandilar, de emocionar, de sujetar y de
hacer enloquecer. Tenemos a nuestra mano el
emplear todas las armas que se nos ocurran.
Pero
recordemos que
sobre
gustos no hay nada escrito, y
aunque hay hombres que prefieren los pelos y
el aspecto informal la primera vez es mejor
aproximarse lo más posible al estilo
general.
Se ha apuesto
muy de moda el
depilado
estético del pubis. No se trata de
arramblar con todos los pelos, se trata de
afeitárselos de forma agradable, dejando una
pequeña hilera que marque la unión de los
labios mayores o recortando los bordes en
forma de corazón, también pueden teñirse, o
decolorarse aunque no deben usarse los
tintes del pelo, lo mejor es preguntar en la
peluquería.
Cuidar la ropa interior y la
exterior
resaltando los aspectos más favorecedores de
la figura es importante, es una señal para
los hombres de que hay cierta disponibilidad
sexual; eso hace más fácil la seducción,
porque aunque las cosas han cambiado mucho y
las mujeres son capaces de enfrentarse a los
hombres y ganar en cualquier campo, en el
sexo es bueno respetar ciertos
convencionalismos, como dejar que sean ellos
los que se acerquen.
Pero no está
de más sugerir con la ropa, la sonrisa o la
mirada que nos interesa ese acercamiento. El
coqueto
sutil, delicado y cargado de intención
es mucha mejor estrategia que ser demasiado
directa o ir demasiado deprisa al expresar
los deseos.
La mayoría de
los hombres ante estas actitudes suelen
sentirse muy incómodos e intimidados aunque
no lo reconocerán jamás. Una conversación
amena, evitando cualquier tipo de
enfrentamiento, es importante.
Los hombres
necesitan tres cosas para dejarse seducir:
ciertas dificultades, sentirse
admirados y sentirse únicos.