El Dr. Bach
Existen dos formas posibles de
relatar la historia vital de los personajes que habitan
o han habitado la Tierra: una los reduce a fechas,
títulos, méritos monetarios o publicaciones, la otra se
acerca a la historia del alma expresada por medio de la
personalidad. E. Bach tuvo su biografía científica
rozando la genialidad. Era un profesional reconocido,
valorado, admirado, famoso, un triunfador. Pero además
poseía un alma grande que transfiguraba esta envoltura
Nacido en Montseley, cerca de Birmingham en Septiembre
de 1886, destacó desde la niñez por su amor a la
naturaleza, por su carácter alegre, revelándose poco a
poco como un ser compasivo, que no podía permanecer
inmóvil ante el dolor de los demás. Ayudó a su familia
durante tres años en la fábrica de latón que poseían,
para cooperar así a la economía familiar antes de
iniciar lo que era su mayor anhelo: los estudios de
medicina que le permitirían aliviar el dolor de tantas
personas. Desde el colegio,soñaba con ayudar a muchos
enfermos, descubriendo un remedio que calmara el dolor;
su sueño más repetido era el de un polvillo dorado que
salía de sus manos y curaba a la gente.Este sueño se
convirtió en el propósito de su vida, y con sus manos
habría de preparar los remedios florales que unifican,
en un proceso alquímico, el agua y la luz solar,
aliviando a cientos de seres de sus sufrimientos. Su
sentido agudo de la observación le permitió ver, desde
su trabajo en la fábrica, cómo los obreros reaccionaban
de diferentes formas a las mismas enfermedades,variando
el tiempo y el modo de recuperación de acuerdo con sus
rasgos de carácter .Vio cómo la medicina tradicional no
les daba una respuesta, y comenzó los estudios de
medicina en la Universidad de Birmingham cuando tenía
veinte años; su finalidad era investigar desde el
conocimiento científico. En 1912 obtuvo su diploma y
pasó a Cambridge, donde se graduó en 1912 en Salud
Pública. En 1912 fue nombrado médico oficial del
Hospital Universitario y a finales de este año, cirujano
del Hospital Temperance. Puso su consulta en Harley
Street, calle donde tenían sus consultorios los mejores
médicos del momento.
Bach estaba decepcionado de los tratamientos
convencionales que no mejoraban del todo a los
pacientes.Ingresó como bacteriólogo en el Hospital
Universitario, buscando en esta disciplina una respuesta
a sus inquietudes.Descubrió la radical importancia de
las bacterias intestinales presentes en los enfermos
crónicos, observandoque su número era mucho mayor que en
los sanos.Descubrió una vacuna que se inyectaba en el
caudal sanguíneo de los pacientes con resultados
espectaculares;sin embargo, las reacciones dolorosas que
experimentaban, así como la inflamación que se producía,
le llevó primero a variar la frecuencia de las dosis y
luego, a seguir investigando. Estas vacunas
revolucionaron los tratamientos de la época y de la
Escuela Homeopática. La salud de Edward Bach estaba
débil y en 1914 ya no lo reclutaron para la guerra, pero
quedó a cargo de cuatrocientas camas en el Hospital
Universitario.
Entre 1915 y 1916 fue nombrado director de bacteriología
en el Hospital Médico. Todo este tiempo estuvo
sintiendola llamada de la naturaleza, la necesidad del
contacto con sus bosques y los ríos que tanto amaba, de
la mágica tierra de Gales.
En julio de 1917 tuvo que ser operado con urgencia, pues
padeció una grave hemorragia que hizo temer por su vida.
E. Bach estuvo inconsciente durante varios días y según
citan textualmente sus biógrafos le diagnosticaron una
grave enfermedad de difícil definición que se «removía»
dentro de él. Sufrió indecibles dolores en una agonía
que duró varios meses; pensando siempre que necesitaba
más tiempo para vivir y ayudar a los que sufrían. Apenas
pudo acudir al laboratorio del hospital siguió
investigando, pues sus colegas le anunciaron que sólo le
restaban tres meses de vida.
Decidió avanzar sus trabajos, ya que su tiempo parecía
ser breve, pero la determinación, la entrega a los
otros,
la voluntad de seguir en la misión que era el propósito
de su vida obraron el milagro de la recuperación.
E. Bach estaba convencido de que no hay obstáculos
cuando una persona manifiesta amor, interés y un
propósito definitivo en la vida.
En 1918, durante una epidemia de «influenza», inyectó a
los soldados del ejército de Gran Bretaña una vacuna que
él había inventado, salvando miles de vidas a estos
soldados y a otros extranjeros.
Entre 1919 y 1922 prosigue sus estudios basándose en el
tratado de homeopatía de Hahnemann, analizando las
coincidencias entre este método y sus ideas de tratar al
paciente y no a la enfermedad, viendo que son los
síntomas mentales lo importante. Pasó a usar sus vacunas
por vía oral.
Su celebridad como médico y su fama de calidad humana
iban en aumento. Observaba a las personas que le
rodeaban en comidas a las que era invitado,
estableciendo tipos o familias por comportamientos
exteriores, tales como la manera de hablar o moverse,
pensando que entre ellos formaban grupos o categorías
que responderían de igual forma ante los tratamientos
para diversas enfermedades.
En septiembre de 1928 se decidió finalmente a viajar al
país de Gales, buscando en la naturaleza que tanto amaba
los remedios procedentes de los árboles y las plantas,
pues intuía que encontraría similares condiciones de
vibración que lo encontrado en sus vacunas. Buscó los
remedios para los estados emocionales que le aquejaban,
y encontró la impatiens y el mímulo, cerca de la ladera
de una montaña. Más tarde halló la clematis, y los tres
fueron acordes con su miedo, su prisa o sus sueños.
En febrero de 1930 publica su trabajo El mundo
homeopático y algunos nuevos remedios y su utilización.
Sabía que en plantas y árboles estaba la sustitución de
los preparados de bacterias por unos nuevos remedios.
En este mismo año había tomado la decisión de dejar
Londres y adentrarse en los bosques que siempre había
añorado; para este hombre la naturaleza significaba
mucho más de lo que podemos imaginar. Se despidió de sus
amigos y fue descubriendo su gran sensibilidad para las
plantas.
A los 43 años siguió por fin los dictados de su
sabiduría interior y partió rejuvenecido y lleno de
alegría,
olvidando la maleta en la que llevaba sus útiles de
laboratorio y cargando sólo con la ropa y zapatos que
serían en realidad sus instrumentos para la tarea de
investigación.
Así fue encontrando, según sus estados anímicos, las
flores que curaban la desconfianza, el exceso de
preocupación, el pánico, la duda, los celos, la
inseguridad... Se dice de él que su sensibilidad enorme
le permitía sentir las propiedades de los remedios al
acercárselos a los labios; Bach consideraba la curación
como un don divino y se entregó por entero, ayudado por
contribuciones y regalos de amigos. Siempre encontraba
lo suficiente y así descubrió los treinta y ocho
remedios que obedecían a las pautas deseadas:
no serían agresivos;
el efecto sería amable y seguro;
producirían la curación del cuerpo y de la mente;
no causarían dolor.
Con estas mismas connotaciones se seguiría también el
proceso de elaboración. Con su mentalidad y
formación científica estudió las especies vegetales del
entorno, viendo su momento de floración, número de
pétalos,terreno en el que crecían, colores,semillas,
raíces, si crecían junto a las montañas, a los ríos.
..Bach gustaba de leer las signaturas que Paracelso
había desarrollado en el siglo XVI, elaborando así la
ley de similitudes que vendría a acercar el plano de la
forma a los planos del pensamiento, reunificando
personalidad y alma. Las signaturas son los indicios
puestos por la mente creadora en las formas de los
vegetales, cuyos paralelismos han llevado a la
aplicación terapeútica; de este modo la impatiens, cuyas
semillas saltan al menor toque, curarían la prisa, la
impaciencia.
Bach comprobó que las flores eran las partes de la
planta con mayor energía vibracional, allí en la corola
estarían contenidos los principios de mayor potencial
curativo.El SOL actuaba como revitalizador y fuente de
energía, así, paso a paso, llegó a completar el método
de recolección del rocío sobre los pétalos de las
flores, viendo la diferencia entre las que estaban al
sol y las que crecían en la sombra.
Bach llegó al proceso de elaboración que se mantiene
hasta nuestros días. Este método consistía en el
almacenamiento de la energía de las corolas sobre un
recipiente con agua cristalina, exponiéndolo al sol
durante unas horas y conservando luego en pequeñas
botellas este agua con brandy biológico. El motivo para
utilizar el brandy era, en primer lugar, para preservar
la pureza del preparado, habiendo elegido Bach este
producto por ser la vid uno de los treinta y ocho
remedios, manifestando así una afinidad vibracional con
el conjunto.
Edward Bach muere en noviembre de 1936 con la certeza de
haber cumplido su misión en la vida encontrando estos
treinta y ocho remedios vibracionales .
Extraído del libro del Doctor Bach "Cúrese usted mismo":
Para entender la naturaleza de la enfermedad hay que
conocer primero ciertas verdades fundamentales.
La primera de ellas es que el hombre tiene un Alma que
es su ser real; un Ser Divino,Poderoso, Hijo del Creador
de todas las cosas del cual el cuerpo, aunque templo
terrenal de esa Alma, no es más que un diminuto reflejo:
que nuestra Alma, nuestro Ser Divino que reside en y en
torno a nosotros, nos da nuestras vidas como quiere Él
que se ordenen y, siempre que nosotros lo permitamos,
nos guía, protege y anima, vigilante y bondadoso, para
llevarnos siempre a lo mejor; que Él nuestro Ser
Superior al ser una chispa del Todopoderoso, es por
tanto invencible e inmortal.
El segundo principio es que nosotros, tal y como nos
conocemos en el mundo, somos personalidades que estamos
aquí para obtener todo el conocimiento y experiencia que
pueda lograrse en nuestra existencia terrena, para
desarrollar las virtudes que nos falten y para borrar de
nosotros todo lo malo que haya, avanzando de ese modo
hacía el perfeccionamiento de nuestras naturalezas. El
Alma sabe qué entorno y qué circunstancias nos
permitirán lograrlo mejor, y por tanto nos sitúa en esa
rama de la vida más apropiada para nuestra meta.
En tercer lugar, tenemos que darnos cuenta de que
nuestro breve paso por la Tierra, que conocemos como
vida, no es más que un momento en el curso de nuestra
evolución, como un día de colegio lo es para toda una
vida, y aunque por el momento sólo entendamos y veamos
ese único día, nuestra intuición nos dice que nuestro
nacimiento estaba infinitamente lejos de nuestro
principio y que nuestra muerte está infinitamente lejos
de nuestro final.
Nuestras almas, que son nuestro auténtico ser, son
inmortales, y los cuerpos de que tenemos conciencia son
temporales, meramente como caballos que nos llevaran de
viaje o instrumentos que utilizaremos para hacer un
trabajo dado.
Sigue entonces un cuarto principio, que mientras nuestra
Alma y nuestra personalidad estén en buena armonía, todo
es paz, alegría, felicidad y salud. Cuando nuestras
personalidades se desvían del camino trazado por nuestra
alma, o bien por nuestros deseos mundanos o la
persuasión de otros, surge el conflicto. Este conflicto
es la raíz, causa de enfermedad y de la infelicidad. No
importa cual sea nuestro trabajo en el mundo,
limpiabotas o monarca, terrateniente o campesino, rico o
pobre, mientras hagamos ese trabajo en particular según
los dictados del alma todo esta bien; y podemos además
descansar seguros de que cualquiera que sea la posición
en la que nos encontremos, arriba o abajo, contiene esta
posición las lecciones y experiencias necesarias para
ese momento de nuestra evolución, y nos proporcionara
las mayores ventajas para el desarrollo de nuestro
ser.........
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