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Albert Einstein
Físico alemán nacionalizado
estadounidense, premiado con un Nobel, famoso por ser el
autor de las teorías general y restringida de la
relatividad y por sus hipótesis sobre la naturaleza
corpuscular de la luz. Es probablemente el científico
más conocido del siglo XX.
Nació en Ulm el 14 de marzo de 1879 y pasó su juventud
en Munich, donde su familia poseía un pequeño taller de
máquinas eléctricas. Ya desde muy joven mostraba una
curiosidad excepcional por la naturaleza y una capacidad
notable para entender los conceptos matemáticos más
complejos. A los doce años ya conocía la geometría de
Euclides.
A la edad de 15 años, cuando su familia se trasladó a
Milán, Italia, a causa de sucesivos fracasos en los
negocios, Einstein abandonó la escuela. Pasó un año con
sus padres en Milán y viajó a Suiza, donde terminó los
estudios secundarios, e ingresó en el Instituto
Politécnico Nacional de Zurich.
Durante dos años Einstein trabajó dando clases
particulares y de profesor suplente. En 1902 consiguió
un trabajo estable como examinador en la Oficina Suiza
de Patentes en Berna.
Primeras publicaciones científicas
En 1905 se doctoró por la Universidad de Zurich, con una
tesis sobre las dimensiones de las moléculas; también
publicó tres artículos teóricos de gran valor para el
desarrollo de la física del siglo XX. En el primero de
ellos, sobre el movimiento browniano, formuló
predicciones importantes sobre el movimiento aleatorio
de las partículas dentro de un fluido, predicciones que
fueron comprobadas en experimentos posteriores. El
segundo artículo, sobre el efecto fotoeléctrico,
anticipaba una teoría revolucionaria sobre la naturaleza
de la luz. Según Einstein, bajo ciertas circunstancias
la luz se comportaba como una partícula. También afirmó
que la energía que llevaba toda partícula de luz,
denominada fotón, era proporcional a la frecuencia de la
radiación. Lo representaba con la fórmula E = hu, donde
E es la energía de la radiación, h una constante
universal llamada constante de Planck y u es la
frecuencia de la radiación. Esta teoría, que planteaba
que la energía de los rayos luminosos se transfería en
unidades individuales llamadas cuantos, contradecía las
teorías anteriores que consideraban que la luz era la
manifestación de un proceso continuo. Las tesis de
Einstein apenas fueron aceptadas. De hecho, cuando el
físico estadounidense Robert Andrews Millikan confirmó
experimentalmente sus tesis casi una década después,
éste se mostró sorprendido e inquieto por los
resultados.
Einstein, interesado por comprender la naturaleza de la
radiación electromagnética, propugnó el desarrollo de
una teoría que fusionara las ondas y partículas de la
luz. De nuevo fueron muy pocos los científicos que
comprendieron y aceptaron estas ideas.
Teoría especial de la relatividad de Einstein
La tercera publicación de Einstein en 1905, Sobre la
electrodinámica de los cuerpos en movimiento, formulaba
lo que después llegó a conocerse como la teoría especial
de la relatividad (o teoría restringida de la
relatividad). Desde los tiempos del matemático y físico
inglés Isaac Newton, los filósofos de las ciencias
naturales (nombre que recibían los físicos y químicos)
habían intentado comprender la naturaleza de la materia
y la radiación, y su interacción en algunos modelos
unificados del mundo. La hipótesis que sostenía que las
leyes mecánicas eran fundamentales se denominó visión
mecánica del mundo. La hipótesis que mantenía que eran
las leyes eléctricas las fundamentales recibió el nombre
de visión electromagnética del mundo. Ninguna de las dos
concepciones era capaz de explicar con fundamento la
interacción de la radiación (por ejemplo, la luz) y la
materia al ser observadas desde diferentes sistemas de
inercia de referencia, o sea, la interacción producida
en la observación simultánea por una persona parada y
otra moviéndose a una velocidad constante.
En la primavera de 1905, tras haber reflexionado sobre
estos problemas durante diez años, Einstein se dio
cuenta de que la solución no estaba en la teoría de la
materia sino en la teoría de las medidas. En el fondo de
su teoría restringida de la relatividad se encontraba el
hallazgo de que toda medición del espacio y del tiempo
es subjetiva. Esto le llevó a desarrollar una teoría
basada en dos premisas: el principio de la relatividad,
según el cual las leyes físicas son las mismas en todos
los sistemas de inercia de referencia, y el principio de
la invariabilidad de la velocidad de la luz, según el
cual la velocidad de la luz en el vacío es constante. De
este modo pudo explicar los fenómenos físicos observados
en sistemas de inercia de referencia distintos, sin
tener que entrar en la naturaleza de la materia o de la
radiación y su interacción, pero nadie entendió su
razonamiento.
Primeras reacciones a Einstein
La dificultad de otros científicos para aceptar la
teoría de Einstein no estribaba en sus complejos
cálculos matemáticos y su dificultad técnica, sino que
partía del concepto que tenía Einstein de las buenas
teorías y su relación con la experimentación. Aunque
sostenía que la única fuente del conocimiento era la
experiencia, también pensaba que las teorías científicas
eran creaciones libres de una aguda intuición física, y
que las premisas en que se basaban no podían aplicarse
de un modo lógico al experimento. Una buena teoría
sería, pues, aquella que necesitara los mínimos
postulados para explicar un hecho físico. Esta escasez
de postulados, característica de la obra de Einstein,
provocó que su trabajo no fuera accesible para sus
colegas, que le dejaron solo.
Aun así, tenía importantes seguidores. Su primer
defensor fue el físico alemán Max Planck. Einstein
permaneció cuatro años en la oficina de patentes, y
luego empezó a destacar dentro de la comunidad
científica, y así ascendió en el mundo académico de
lengua alemana. Primero fue a la Universidad de Zurich
en 1909; dos años más tarde se trasladó a la Universidad
de Praga, de lengua alemana, y en 1912 regresó al
Instituto Politécnico Nacional de Zurich. Finalmente, en
1913 fue nombrado director del Instituto de Física
Kaiser Guillermo en Berlín.
La teoría general de la relatividad
Antes de dejar la oficina de patentes, en 1907, Einstein
ya trabajaba en la extensión y generalización de la
teoría de la relatividad a todo sistema de coordenadas.
Empezó con el enunciado del principio de equivalencia
según el cual los campos gravitacionales son
equivalentes a las aceleraciones del sistema de
referencia. De este modo, una persona que viajara en un
elevador o ascensor no podría en principio determinar si
la fuerza que actúa sobre ella se debe a la gravitación
o a la aceleración constante del ascensor. Esta teoría
general completa de la relatividad no fue publicada
hasta 1916. De acuerdo con ella, las interacciones entre
los cuerpos, que hasta entonces se atribuían a fuerzas
gravitacionales, se explican por la influencia de
aquéllos sobre la geometría espacio-tiempo (espacio de
cuatro dimensiones, una abstracción matemática en la que
el espacio se une, como cuarta dimensión, a las tres
dimensiones euclidianas).
Basándose en la teoría general de la relatividad,
Einstein pudo entender las variaciones hasta entonces
inexplicables del movimiento de rotación de los planetas
y logró predecir la inclinación de la luz de las
estrellas al aproximarse a cuerpos como el Sol. La
confirmación de este fenómeno durante un eclipse de Sol
en 1919 fue toda una noticia y su fama se extendió por
el mundo.
Einstein consagró gran parte del resto de su vida a
generalizar su teoría. Su último trabajo, la teoría del
campo unificado, que no tuvo demasiado éxito, consistía
en un intento de explicar todas las interacciones
físicas, incluidas la interacción electromagnética y las
interacciones nucleares fuerte y débil, a través de la
modificación de la geometría del espacio-tiempo entre
entidades interactivas.
La mayoría de sus colegas pensaron que sus esfuerzos
iban en dirección equivocada. Entre 1915 y 1930 la
corriente principal entre los físicos era el desarrollo
de una nueva concepción del carácter fundamental de la
materia, conocida como la teoría cuántica. Esta teoría
contempla la característica de la dualidad
onda-partícula (la luz presenta las propiedades de una
partícula, así como las de una onda), que Einstein había
intuido como necesaria, y el principio de incertidumbre,
que establece que la exactitud de los procedimientos de
medición es limitada. Además, esta teoría suponía un
rechazo fundamental a la noción estricta de causalidad.
Sin embargo, Einstein mantuvo una posición crítica
respecto a estas tesis hasta el final de su vida. "Dios
no juega a los dados con el mundo", llegó a decir.
Ciudadano del mundo
A partir de 1919, Einstein recibió el reconocimiento
internacional y acumuló honores y premios de distintas
sociedades científicas, como el Nobel de Física en 1922.
Sus visitas a países de todo el mundo (visitó España en
1923 y Argentina, Uruguay y Brasil en 1925) eran un
acontecimiento; le seguían fotógrafos y periodistas.
El pacifismo y el sionismo fueron los dos movimientos
sociales que recibieron todo su apoyo. Durante la I
Guerra Mundial, Einstein fue uno de los pocos académicos
alemanes que condenaron públicamente la participación de
Alemania en el conflicto. Después de la guerra siguió
con sus actividades pacifistas y sionistas, por lo que
fue blanco de los ataques de grupos antisionistas y de
derechas alemanes. Sus teorías llegaron a ser
ridiculizadas en público, especialmente la de la
relatividad.
Cuando Hitler llegó al poder en 1933, Einstein abandonó
Alemania y emigró a Estados Unidos, donde ocupó un
puesto en el Instituto de Estudios Superiores en
Princeton, Nueva Jersey. Siguió con sus actividades en
favor del sionismo pero abandonó su postura pacifista
anterior a la vista de la amenaza que suponía para la
humanidad el régimen nazi en Alemania.
En 1939 Einstein participó junto con otros físicos en la
redacción de una carta dirigida al presidente Franklin
D. Roosevelt en la que se pedía la creación de un
programa de investigación sobre las reacciones en
cadena. La carta, que sólo iba firmada por Einstein,
consiguió acelerar la fabricación de la bomba atómica,
en la que él no participó ni supo de su finalización. En
1945, cuando ya era evidente la existencia de la bomba,
Einstein volvió a escribir al presidente para intentar
disuadirlo de utilizar el arma nuclear.
Después de la guerra, Einstein se convirtió en activista
del desarme internacional y del gobierno mundial, y
siguió contribuyendo a la causa del sionismo, pero
declinó una oferta de los líderes del Estado de Israel
para ocupar el cargo de presidente. A finales de la
década de 1940 y principios de la de 1950, defendió en
Estados Unidos la necesidad de que los intelectuales del
país hicieran todo lo posible para mantener la libertad
política. Einstein murió el 18 de abril de 1955 en
Princeton.
Los esfuerzos de Einstein en apoyo de causas sociales
fueron a menudo percibidos como poco realistas. Sus
propuestas nacían de razonamientos cuidadosamente
elaborados. Al igual que sus teorías, eran fruto de una
asombrosa intuición basada en cuidadosas y astutas
valoraciones y en la observación. A pesar de su
actividad en favor de causas políticas y sociales, la
ciencia siempre ocupó el primer lugar en su vida, pues,
como solía decir, sólo el descubrimiento de la
naturaleza del Universo tiene un sentido duradero. Entre
sus obras se encuentran La relatividad: la teoría
especial y restringida (1916); Sobre el sionismo (1931);
Los constructores del Universo (1932); ¿Por qué la
guerra? (1933), con Sigmund Freud; El mundo como yo lo
veo (1934); La evolución de la Física (1938) con el
físico polaco Leopold Infeld, y En mis últimos años
(1950). La colección de los artículos de Einstein
comenzó a publicarse en 1987 en varios volúmenes.
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