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Buda - Sidarta Gautama
Se conoce muy poco de la vida de Sidarta
Gautama. Y eso poco procede de las escrituras budistas y
puede que no sea histórico en todos sus detalles, ya que
son escritos redactados para hacer más aceptable sus
enseñanzas.
"BUDA" es un título honorífico que se le atribuyó
después (como "Mesías" o "Cristo" a Jesús; y como
"Israel" a Jacob). Su apellido de familia era Gautama y
su nombre Sidarta.
Buda significa literalmente iluminado, mentalmente
despierto, lúcido. Según el budismo, uno se libera y se
hace realmente persona cuando la mente alcanza, desde
dentro, una iluminación tal que puede mirar a la vida
con realismo. ( De esta forma, ya la simple comprensión
de estas dos palabras: Buda y Cristo, nos introduce en
dos características fundamentales que distinguen a ambas
religiones, dos maneras de llegar a la perfección: desde
Dios, desde la unión del Espíritu o desde el hombre y
quedándose con el hombre).
Sidarta nació en el seno de una familia acomodada. Su
padre era jefe de un clan (perteneciente a la clase de
los guerreros) en Kapilarastu, en la frontera con Nepal.
Había muchos jefes similares dentro del mismo Reino. Su
madre se llamaba Mahamaya, y era princesa de otro clan.
Si Sidarta hubiera pertenecido a la casta de los
bramanes, no le hubiera resultado fácil fundar una
religión "sin Dios", ya que esta casta debía dedicarse a
todo lo relacionado con los ritos y culto a los dioses y
diosas.
Sidarta nació fuera de su casa, mientras su madre
viajaba a la casa paterna (en la India, para el primer
parto las mujeres suelen regresar a su casa paterna).
Nació en un parque, a la sombra de un árbol.
(No faltan leyendas que le hacen nacer del costado de su
madre-virgen, sin causarle ningún dolor). Al séptimo día
murió la madre y Sidarta fue criado por la hermana de su
madre: Prajapati Gotami.
Su educación habría sido excelente, en conformidad con
las tradiciones de la casta guerrera. En especial habría
sido bien adiestrado en el manejo del arco y en las
artes de la guerra.
El matrimonio en la India está sujeto a complicadas
tradiciones. A veces los padres deciden la pareja de
alguien ya desde que nace o desde muy tierna edad.
Acerca del matrimonio de Sidarta sólo sabemos que se
casó a los 16 años con su prima Yosodara, hija única del
príncipe Suppabudda.
El padre de Sidarta tenía grandes planes para su hijo:
quería hacer de él un gran político. Para conseguirlo
trató de contentarle en todo y rodearle de comodidades.
Dícese que incluso tomó grandes precauciones para que su
hijo no contemplase siquiera las miserias humanas. Sus
esfuerzos, naturalmente, resultaron vanos. Sidarta se
dió cuenta de la realidad de la vida, y esa experiencia
fue en él tan fuerte que marcó un nuevo derrotero a su
existencia.
Tenía entonces 29 años. Debió ser una decisión bien
madura, después de ya 13 años de vida matrimonial.
( Dejar a su mujer y a su hijo no equivale, en las
tradiciones de la India, a abandonarlos. El sentido de
parentesco es muy fuerte, y los abuelos, tíos y tías se
encargan de cuidarlos. Incluso, en las tradiciones
religiosas hindúes de entonces, ese paso era normal para
cualquier persona que aspirase a la perfección: primero
debe ser un estudiante célibe; luego, un hombre casado;
finalmente, un asceta o eremita. Con todo, Sidarta no
siguió estos pasos a cerraojos, sin discernimiento ni
espíritu crítico, como veremos. Por eso las escrituras
budistas no dicen que dejó la familia para hacerse
monje, sino que dejó la familia "en busca de la paz
libre de lazos, en busca del Nibbana").
LA BÚSQUEDA.
Lo que primero experimentó Sidarta fueron sistemas de
meditación. Se hizo discípulo de dos famosos maestros de
su época: Kalama y Ramaputta.
Es de suponer que Sidarta hizo grandes progresos en su
aprendizaje del yoga, y que alcanzaría gran facilidad
para la meditación.
Pero Sidarta no considera las técnicas del yoga como
algo importantísimo ni se dejó arrastrar por la
preocupación que mostraban sus maestros por alcanzar los
estadios de meditación conocidos como "trances".
Es verdad que la meditación es un aspecto muy importante
del Budismo. Pero Sidarta no se interesó en la
meditación por la meditación. Para él, la auténtica
meditación debe conducirle a uno no a una experiencia
efímera sino a una visión de las realidades más
profundas de la vida. El estilo de meditación que
Sidarta promoverá es un sistema de meditación llamado
"meditación intuitiva" ( de visión o profundidad).
La segunda etapa de su búsqueda consistió en
experimentar el ascetismo. Dejó Sidarta a sus maestros
de yoga y se fue a vivir en un monasterio (ashram, muy
frecuentes en esa época en la India) en el que vivían
cinco ascetas, en Uruvela.
Esos cinco monjes practicaban el ascetismo más estricto.
Creían que la mortificación y tortura de sí mismos
entrañaban un poder liberador. ( Hoy también se ven en
la India penitentes que se flagelan, se hieren, llevan
zapatos con clavos, etc.)
Esos monjes practicaban ayunos rigurosos, viviendo de
hojas y raíces. Sidarta siguió estas prácticas con tanto
rigor que pudo decir más tarde: Fuí más estricto que
todos los demás, hasta quedárseme los miembros como
cañas secas.
Pero pronto cayó en la cuenta de lo inútil que era esa
mortificación para alcanzar la liberación. Pronto vió
que lo importante, para liberarse, no era la
automortificación sino la autodisciplina o autodominio.
Y en cuanto lo descubrió, dijo adiós a sus compañeros y
siguió la búsqueda por su cuenta. Dícese que este
período de búsqueda entre los maestros de la meditación
yoga y entre los ascetas duró seis años. De ello se
deducen dos constataciones importantes:
+ La enorme fuerza de voluntad que tenía Sidarta. Era
sincero en lo que emprendía. Se entregaba de corazón. A
la vez, nunca perdió su espíritu crítico.
+ Sus convicciones fueron evolucionando. Llegó a
rechazar enérgicamente el ascetismo extremo y a
considerarlo tan perjudicial a la persona como la
autocomplacencia.
LA ILUMINACIÓN.
tras abandonar el ascetismo, Sidarta continuó su
búsqueda, él solo, reflexionando sobre la liberación y
la manera de alcanzarla.
LA MISIÓN.
Sidarta comenzó su misión predicando a sus conocidos.
Fue primero al grupo de los cinco ascetas con quienes
había convivido. Aunque había rechazado sus ideas, no
les había rechazado a ellos, y para compartir con ellos
su camino de liberación anduvo más de 200 Km. Cuando les
habló, no le prestaron de momento mucha atención. Pero
Sidarta supo conquistares mediante la sencillez de sus
métodos. " ¿Cuándo, hasta ahora os había hablado yo de
esta manera, convencido de haber encontrado la verdad
?". Estas palabras vencieron, al fin, la resistencia de
los cinco monjes. Y entonces, al verlos ya dispuestos a
escuchar a Sidarta les expuso su nuevo camino de
liberación.
Los cinco monjes fueron los primeros discípulos de
Sidarta y también los primeros miembros de la orden
monástica que fundó. Y poco después entró en la orden un
grupo de 55 laicos jóvenes. Rápidamente la orden creció
con nuevos ingresos.
La orden monástica que fundó Sidarta fue realmente
original. Fue probablemente la única orden monástica de
la historia que no tenía ritos ni ceremonias ni
mortificaciones ni sacrificios. Quizás la menos ascética
de todas las órdenes del mundo, ya que negaba incluso,
por principio, al ascetismo, su virtud liberadora.
También fundó Sidarta un monasterio para mujeres. Pero,
además, no sólo los monjes y monjas podían ser
discípulos de Sidarta. Sidarta aceptaba también (aunque
este aspecto fue pronto minusvalorado en algunas
tradiciones busdistas posteriores) a toda clase de
personas, casadas o solteras, y afirmó con fuerza que el
camino de la liberación estaba al alcance de todos.
Esta actividad misionera alcanzó, ya en vida de Sidarta,
un éxito enorme. El secreto del éxito radicó, sin duda,
en la excelencia de la doctrina predicada. En una época
de confusionismo religioso, Sidarta presentó un tipo de
religión y de liberación que era fácil de entender y
concreto para seguir. También la nobleza de su linaje
debió contribuir al éxito: hubo muchos reyes,
gobernadores y ricos que le favorecieron.
Tampoco le faltaron problemas y fracasos. Uno de sus
mayores sufrimientos debió ser la oposición a su
liderazgo de la orden monástica, oposición capitaneada
por un monje sobrino suyo, el venerable Devadatta, quien
trabajó lo indecible para conseguir la dirección de la
orden. Sidarta sufrió tanto con todo esto que, a veces,
se escapó solo al bosque por largas temporadas en busca
de paz. No sabemos si logró resolver las divisiones que
ya en su vida surgieron dentro de la orden. Lo cierto es
que, luego de su muerte, la orden se dividió en
diferentes grupos. Pero todas las ramas a pesar de sus
divisiones, han mantenido el mensaje básico de Sidarta.
Sidarta Gautama vivió hasta los ochenta años. Su muerte
ocurrió en Kusinara, a casi 200 km. De Benares, en la
actual Uttara Pradesh. Son significativas las últimas
palabras que dirigió a los discípulos que le rodeaban: "
La vida es efímera. Esforzaos con atención".
Así, en el último momento de su vida, subraya lo que
había inculcado siempre: la necesidad del esfuerzo y la
atención a la realidad.
Aunque su vida acabó hace 2,500 años, su mensaje
continúa vivo en nuestros días en Sri Lanka, Tailandia,
Camboya, Laos, Viet Nam, Nepal, Tíbet, China, Japón,
Corea, Mongolia, Taiwan, y en algunas partes de India,
Pakistán y Malasia. Incluso en Occidente abrazan hoy no
pocos esa doctrina. Señal de que su mensaje interpela a
los hombres y mujeres de nuestro tiempo, tanto como lo
hizo en su época.
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